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Reportajes
1-04-2013
Cuando el agua llegó a Madrid por el Canal Bajo
Se ha solicitado una mayor protección para la construcción
Cuando el agua llegó a Madrid por el Canal Bajo

La Coordinadora Salvemos la Dehesa de la Villa ha solicitado a la Dirección General de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) para las construcciones del Canal de Isabel II en el parque Rodríguez Sahagún y la avenida de Pablo Iglesias, pertenecientes a las primeras traídas de agua a Madrid. A continuación extractamos el texto de dicha petición:

El Canal de Isabel II no es solo una de las mayores obras de ingeniería realizadas nunca en nuestro país, sino que en su género fue una de las más importantes del mundo. De la complejidad tecnológica que abarcaba, con un sinfín de embalses, canales, túneles, acueductos, almenaras y sifones, da idea el hecho de que una de sus presas –la del Villar– sirviera de modelo para la construcción del nuevo suministro de agua a la ciudad de Nueva York, a finales del siglo XIX.
Iniciadas las obras en 1851 –finalizarían en 1858–, en la actualidad de estas primeras traídas de agua del río Lozoya pueden observarse en nuestra zona las construcciones, aún en activo, del Canal Bajo a su paso por el parque Rodríguez Sahagún camino del primer depósito en la calle de Bravo Murillo.

Orígenes

Desde su fundación por los árabes en el 856, el suministro de agua a Madrid se venía haciendo por medio de los denominados “viajes del agua” o mayras, unas técnicas orientales para capturar aguas subterráneas que se fueron extendiendo por el Madrid cristiano a medida que la ciudad se expandía, especialmente desde el asentamiento de la capitalidad en el XVII. Un siglo más tarde, el incremento de la población y el cambio de las costumbres higiénicas comienzan a mostrar las limitaciones de las mayras.

Proyectos iniciales

Hubo diversas soluciones para tratar de abordar los problemas de abastecimiento, como el proyecto del Canal del Guadarrama, que pretendía aumentar el caudal del Manzanares de forma artificial, y que fue desestimado por costoso. Pronto se comienza a pensar en la posibilidad de “mover” el cauce de los ríos cercanos para abastecerse. Los principales ríos candidatos eran el Guadalix y el Lozoya.
En el siglo XIX el sistema de abastecimiento seguía basándose en el aprovechamiento de las aguas subterráneas, que se canalizaban hacia depósitos emplazados en la ciudad y desde los cuales se distribuía a más de 500 fuentes particulares –palacios, conventos y casas señoriales que lo pagaban– y a 77 fuentes públicas que daban servicio gratuito al que se acercaba y a más de 950 aguadores que la distribuían.

El Canal de Isabel II


Ante los diversos fracasos del Ayuntamiento para abastecer la ciudad, Bravo Murillo, ministro de Instrucción, Comercio y Obras Públicas, encarga en 1848 un estudio de viabilidad a una comisión, que meses más tarde presentaría el informe Memoria sobre la conducción de aguas a Madrid, proponiendo aprovechar exclusivamente el cauce más lejano del Lozoya –frente a los del Jarama o Guadalix–, disponiendo una presa en este, el Pontón de la Oliva, y una conducción de unos 70 kilómetros que uniría el embalse con los altos de Chamberí, donde se construiría un depósito con capacidad suficiente para garantizar el consumo de la población durante cinco días. La falta de financiación privada y la salida de Bravo Murillo del Ejecutivo retrasarían aún dos años el proyecto, que solo se relanzaría con la vuelta de su principal impulsor a la Jefatura del Gobierno (1851).


Durante siete años trabajaron alrededor de 2.000 trabajadores –de ellos unos 1.500 presos–, con 400 bestias de carga, picando y excavando el primer tramo de 77 kilómetros, de gran complejidad, para que por primera vez llegara el agua del Lozoya al primer depósito de la calle de Bravo Murillo. El 24 de junio de 1858 se inauguró el Canal de Isabel II, con presencia de la soberana, entrando en funcionamiento la primera fuente con surtidor en la calle Ancha de San Bernardo.

Los acueductos del Parque


La entrada de agua a la capital se hizo principalmente por túneles y canales salvo en la zona llamada del valle de Valdezarza o Huerta del Obispo, donde posteriormente se ha construido el parque Rodríguez Sahagún. Era este un valle por donde corrían los arroyos de la Huerta del Obispo y el de los Pinos, y salvarlo requirió una serie de acueductos y canales bordeando lo que sería el paseo de la Dirección, construido sobre el antiguo camino de servicio del canal.


Por aquellos tiempos este punto estaba situado prácticamente a las afueras de Madrid, pero en la actualidad queda casi en el centro de la ciudad, con una disposición privilegiada de mirador-frontera entre Tetuán y la sierra madrileña. Por otro lado, son los únicos elementos de esta magna obra, en lo referente al transporte de agua, que están visibles dentro del recinto urbano.


Bordeando el paseo de la Dirección, en el límite del parque, se encuentran los restos de cuatro acueductos, tres canales y una almenara de esta extraordinaria obra, fuertemente maltratados por las obras del PAO del paseo de la Dirección. Así, de norte a sur, siguiendo la mina de los Pinos (359 m), nos encontramos en primer lugar con el acueducto de los Pinos, probablemente el mejor conservado. Un bello acueducto de cinco ojos que no ha sido afectado por el PAO y que fue bastante bien tratado en el diseño del Rodríguez Sahagún.

Continuando el canal se llega al segundo acueducto, de la Traviesa, en línea visual con el anterior. Consta de tres ojos y ha quedado en gran parte desfigurado por las obras, que le han dejado completamente encajonado. Tras este se llega a otra zona con el canal visible, en el núcleo central de las obras del PAO; cerca del cruce con Capitán Blanco Argibay se localiza otro tramo; una vez pasada esta vía, se halla un tercer acueducto, el de Valdeacederas, un hermoso acueducto de cinco ojos también completamente encajonado por las obras y que se ha convertido en residencia de indigentes y en basurero.

 

Algo más adelante se encuentran los restos de la almenara del Obispo, de la que solo quedan visibles los restos de la canalización del vertedero en terraplén. Cerca se localiza el cuarto acueducto, el de los Barrancos, muy afectado por las obras del túnel de la calle del Marqués de Viana, en las que le han quitado dos ojos –tenía cuatro– y con ello toda esbeltez y perspectiva.

 

Por último, antes de acometer Ofelia Nieto, se llega a lo que parece otro tramo de canal en muy buen estado, si bien son en realidad los restos del acueducto de la Huerta del Obispo, con siete arcos hoy en día  enterrados, siendo solo visible la parte alta. Todos esos puentes-acueductos salvaban ba-rrancos y cauces de arroyos que la moderna ubicación de la ciudad ha hecho desaparecer.

Acueducto de Amaniel

Finalmente, después de un giro, el canal enfila hacia la actual Ofelia Nieto, por donde se construyó la mina del Obispo (484 m) y luego tuerce hacia la avenida de Pablo Iglesias. El canal camina bajo ella, pasando por la mina Bordador (158 m) para llegar al acueducto de Amaniel. De 120 metros de largo, construido en ladrillo con 17 arcos de medio punto, es la última estructura visible de este trazado, ya que de nuevo se introduce en la mina de Amaniel (86 m) y pasada esta continúa recto unos cientos de metros, aunque oculto, para proseguir a través del hoy desaparecido acueducto de la Villa, hasta el primer depósito, construido en la actual calle de Bravo Murillo, ya en Chamberí.

 

Coordinadora Salvemos la Dehesa de la Villa

Acueducto de Amaniel (1856) Acueducto de Amaniel (2013) Acueducto de la Traviesa Acueducto de los Pinos Un tramo del acueducto encajonado por las obras Acueducto de Valdeacederas Almenara de Cantoblanco El Pontón de la Oliva (1858), fotografía de Charles Clifford
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