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Cultura
4-12-2014
Cartas ganadoras del concurso “Soy de Tetuán”
Organizado por la Biblioteca María Zambrano
Cartas ganadoras del concurso “Soy de Tetuán”

La Biblioteca María Zambrano conmemoró su cuarto aniversario con un concurso de cartas abierto a todos los vecinos del distrito. Bajo el título “Soy de Tetuán”, el certamen acogió a un total de 17 participantes, cuyas epístolas fueron leídas el pasado 24 de noviembre en un acto donde se entregaron los galardones a las mejores misivas.

 

La carta ganadora fue la de Alberto Hevia, por “la estructura circular del relato, el lenguaje empleado y la concreción en los hechos históricos”. Alfonso de las Heras recogió el segundo galardón, y el tercero fue compartido por Antonio Jesús Molina y Juan Yuste.

 

A continuación pueden leer todas las cartas ganadoras:

 

Primer premio.

Alberto Hevia:

 

Procedo de un pueblín asturiano donde vivió el artista Eduardo Úrculo, y tengo el corazón a orillas del Cantábrico, pero mi alma es y será siempre del madrileño barrio de Tetuán, a donde vine de niño. Sus calles me han visto crecer. El mes pasado sin ir más lejos, en las oficinas de un acristalado edificio, me empadroné como residente. Ya formo parte de los cerca de 160.000 vecinos del distrito, uno de los veintiuno que integran la capital y el segundo con mayor población de extranjeros.

De toda esta pequeña gran ciudad, me gusta en especial Bravo Murillo. A menudo subo a la azotea de mi casa y observo su bullicioso ajetreo. El eje vertebrador de Tetuán rezuma vitalidad y calurosa animación. Es una arteria multicultural donde se funden razas y continentes. No es la triunfal Castellana ni ostenta el prestigio del Prado o el lujo de Serrano, pero me apuesto el bigote a que los precios de sus tiendas son bastante más asequibles.

La calle tiene su historia. A la ancestral carretera de Francia e Irún se le llamó en principio de Leopoldo O’ Donnell en honor al general triunfador en la guerra de África de 1859-60, duque de Tetuán y presidente de Gobierno en aquella época. Sus tropas acantonadas en esta zona –en espera de una entrada solemne que nunca se llevó a cabo–, formaron el primitivo barrio. Le pusieron el nombre y legaron su devoción a la Virgen de Nuestra Señora de las Victorias. Dicen que en torno a este campamento provisional se establecieron vendedores de todo tipo, y después comercios, tabernas y también jornaleros que buscaban un techo barato en lo que entonces eran las afueras de Madrid. Pronto hubo fábricas y se formó un arrabal de obreros y gente humilde, con buenos merenderos y mejor vino, que enlazaba directamente con el corazón de la villa.

Imagino que los años felices del barrio serían a partir de 1919, cuando llegó la primera línea de metro. Fue inaugurada por el rey Alfonso XIII y ampliada en 1929 hasta la antigua plaza de toros de Marqués de Viana. Este monumental coso, que había acogido la presentación del diestro Manolete en la capital, explotó en 1936 convertido en depósito de municiones. Luego, el tiempo y la fatalidad malograron otros bellos edificios, y los planes de urbanismo borraron parte de su perfil original. Las casas rurales dejaron espacio a altos complejos de apartamentos. Desaparecieron sucesivamente la fuente, el reloj y el scalextric de Cuatro Caminos _sustituido por un túnel de 320 metros_, y vinieron embajadas, bancos, empresas, hoteles, edificios de oficinas y grandes centros de consumo.

Hoy, el distrito cuenta con 23 estaciones de metro, 43 diferentes líneas de autobús, incluyendo nocturnos, y un intercambiador en la Plaza de Castilla que mueve 7.000 vehículos al día y da servicio a 270.000 viajeros. Tetuán mantiene aún sus señas de identidad, pero ha incorporado algunas nuevas, y contempla el presente siglo desde una fachada urbana y cosmopolita. Es un distrito de contrastes, probablemente el más heterogéneo y dinámico de Madrid, según yo lo veo. De la torre Picasso a las casas bajas de Valdeacederas, de la Remonta a la Basílica Hispanoamericana de la Merced, del gótico obelisco y sus torres inclinadas al no menos majestuoso Corte Inglés con su flamante y camaleónico faro. Un lado moderno, con el little Manhattan de la Asociación Zona Comercial A (AZCA), y otro castizo, tan popular como el mismo Lavapiés. Posee anchas avenidas y recoletas callejuelas, luce rascacielos pero todavía conserva vetustas corralas, tiene un Palacio de Exposiciones garabateado con un mural de Joan Miró y un mercado Maravillas decorado por grafiteros, es hogar de numerosos abuelos e igualmente de incontables jóvenes inmigrantes, sustento de currantes y ejecutivos. Tetuán suma 18 guarderías, siete escuelas, ocho colegios y tres institutos, dispone de un pulmón como el parque Rodríguez-Sahagún, el polideportivo Díaz Miguel, el hospital de Cruz Roja, el centro cultural Eduardo Úrculo...

 

Mañana subiré a la azotea y volveré a mirar los tejados de alrededor con ojos infantiles. Quizá me sienta una hormiga insignificante y efímera en un mar de cemento, pero seguiré queriendo a mi barrio. Tetuán existirá otros ciento cincuenta años. O trescientos más. Permanecerá en su puesto cuando todos nosotros nos hayamos retirado de la escena. Y es mi deseo, desde este momento, invitaros a no dejar nunca de cantar, respetar y admirar este entrañable suburbio con aires de ciudadela. Yo lo confieso ahora con hondo afecto y de aquí en adelante, en el futuro, lo repetiré dignamente a los cuatro vientos, con legítimo orgullo y cierto acento chulapo: soy de Tetuán.

 

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Segundo premio.

Alfonso de las Heras:

 

Hola María:

Recibí tu carta desde El Escorial y ahora te contesto desde Tetuán. Es para decirte que se me ha perdido la letra Q, a pesar de haber ido a buscarla incluso a Wad-Ras. Eso sí, cerca de allí descubrí unas casas-chalet que me sorprendieron bastante, ya que estos tiempos parecen de construcciones elevadas y mucho mundo vertical, pero el caso es que por ahí tampoco estaba la letra Q. Seguí por Capitán Blanco Argibay y descrubrí una S, pero sólo pertenecía a unos talleres de automóviles que se llamaban Soteres. Seguí mirando por La Ventilla, donde había muchas calles con nombres de flores.

La Q no aparecía (o yo no la veía). Decidí ir por la parte opuesta del distrito, bajando por la calle arteria, no sin echar un vistazo a alguna mercería en la entrada del Mercado de Tetuán, o tiendas en las que compraba libros.

La Q seguía sin aparecer y yo empezaba a estar cansado.

Tomé la decisión de ir a descansar en mi casa un rato.

Allí pensé que podía poner mi tortuga Tex en el cristal del balcón y esperar a que me señalara alguna dirección; y ella muy lista, indicó hacia el Este, rápidamente comprendí que el Caballero estaba junto a su Dama.

 

La Q había aparecido junto a la D, así deben estar siempre todos los enamorados, con Don Quijote y Dulcinea.

 

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Tercer premio.

Antonio Jesús Molina Fernández:

 

Mi muy querido barrio de Tetuán de las Victorias:

 Desde que era muy pequeño te he idolatrado. Para mí, desde la distancia intermitente de las vacaciones y las etapas que viví en tus calles, con los consiguientes regresos a la tristeza y vida cateta ausente de actividades divertidas del pueblo (la ciudad pequeña, en mi caso, del sur de Andalucía, lo que viene a ser al sur del sur), vivir en Tetuán, en pleno Madrid, me parecía la mejor de las opciones vitales (¿qué se podía comparar al Rastrillo de Tetuán en vida y movimiento?).

Después,  ya adolescente, viví tu explosión urbanística: la transformación de Bravo Murillo, las torres Kio en Plaza de Castilla, el eje de Marqués de Viana…Algo se perdió para siempre con el cambio, algo perverso se simbolizó en la renuncia a la identidad del barrio y la aparición de un pebetero olímpico que nunca llegó a funcionar de verdad.

Hoy, por circunstancias laborales, he vuelto a vivir en tus calles, ya adulto y con hijos. Te he visto enfermo, Tetuán. De suciedad y de tristeza, de abandono y fracaso. Lleno de personas de todo el mundo que buscaban una oportunidad, ni siquiera El Dorado, que creían que tú se la ibas a dar, que Madrid era esa opción de vida. Promesas que no valen nada. O sí.

Porque sigues dando una lección de vida y cultura. Este ha sido, es y será un barrio hecho por y para las personas, en origen de toda Castilla, después de toda España, ahora de todos los continentes del mundo.  Personas que regalan amistad y vida. Un lugar donde no se mira a los demás por encima del hombro.

Hoy tengo esa oportunidad de aprender: mis hijos van a un colegio del barrio donde están representadas dos docenas de nacionalidades, con compañeros que se llaman Hilmaz, Yassir, Honeylin, Nathalie, Matthew…Sus padres son marroquíes, filipinos, ecuatorianos, ucranianos. Tenemos los mismos problemas, las mismas inquietudes: el trabajo, el dinero, el bienestar de los niños, de nuestros mayores. Ayudar a quién lo necesite, cuando le haga falta, sin discursos ni moralina. De corazón, por pura y simple lealtad de barrio. Venga de donde venga, eso no importa.

Mis hijos, en Tetuán, saben cómo se llaman los fruteros, el carnicero, el panadero, el charcutero…Y les llaman por su nombre (Carlos, Agapito, Carmen, Ángeles...), y ellos conocen el nombre de los niños. Salimos a pasear y conocemos a las personas, nos saludamos, la gente del barrio, las buenas gentes del barrio.

Porque eso ha sido siempre Tetuán. Un barrio de personas, más que de calles, de museos, d centros culturales. De personas vivas, para nosotros mismos y para los demás. 

 

 

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Tercer premio.

Juan Yuste Gómez:

 
Querida niña: De nuevo te escribo. Para mí, es un deleite comunicarme contigo por carta. Aún no me contestas con la premura que me gustaría, pero comprendo tu poca disposición a escribir “cartas”, porque, —me has dicho a veces—, es una costumbre ya en desuso. Me dijiste en una anterior ¡tiempo ha!, que estabas pensando en tu pronta venida. Pero como esa, ni me la comunicas, ni llega, me he creado cierta inquietud que quisiera eliminar con esta carta, e inclinarte a que te decidas por fin a venir. Dime: ¿Me darás esa alegría al final de este curso?

Ya te dije que este barrio de Tetuán de lasVictorias, hoy día llamado sólo Tetuán, por comodidad al hablar, tiene calles con sabor a tradición y a historia. Me preguntaste en una ocasión: De qué venía el nombre de Tetuán de las Victorias. Aquí lo tienes: —A un ejército victorioso en la guerra de Marruecos, le traen a Madrid para que descanse. Los soldados llegan agotados y sucios. Les acampan en la zona donde comenzó lo que es el Barrio de hoy, y les dicen que se prepararan, pues mientras, acondicionarían la ciudad, para que entraran victoriosos en la capital —Madrid—, y así darles los honores militares y la aclamación popular que se merecían.

La remodelación que se viene haciendo en el barrio, ha hecho desaparecer las casas de los fundadores, en las que se vivirían momentos pasados de guerras y de asedios; de conquistas y de victorias, e incluso de retiradas prudentes. Estos héroes, en su grandeza de ánimo, olvidaron el abandono que Madrid les hizo y, a cambio le engrandecieron, creando un asentamiento llamado Tetuán de las Victorias, ganando otra batalla, más dura aún, la del silencio y, a cambio, crearon un barrio, que más tarde sería y hoy es, uno de los grandes de Madrid. 

No comprendo cómo aún, no te has decidido a venir. Anímate a disfrutar unos días y lo conocerás. Quedarás encantada; y estoy seguro que confirmarás tu estancia y permanencia en este barrio, que poco a poco se está transformando. El entorno de donde vivo, está muy cerca de todo lo que te gustaría. A ti, que prefieres los deportes, encontrarás los centros deportivos que necesites; los espectáculos y la animación que te guste. Ya sabes que yo soy gran aficionado a los deportes y a los toros. Vivimos muy cerca de grandes centros de ocio: al campo de fútbol del Real Madrid, voy andando; ya conoces que este campo es uno de los más grandes del mundo y es el rey de los grandes trofeos. Por otra parte, también existió una plaza de toros, famosa en la capital. ¡Qué pena que yo no la conocí!

Hoy día, aquel gesto de grandeza de los heroicos de Tetuán, de dar sin recibir, aún perdura entre sus moradores. Seguimos esperando la realidad de las promesas que ahora, se van cumpliendo. La paciencia heredada de aquel ejército, es el alma que aglutina a nuestras gentes, a no perder la confianza en los proyectos que aún viven en nuestro Ayuntamiento.

 Te diré también, que este es un barrio muy mestizo. Si hoy día resucitara Cristóbal Colón, no iría a Las Indias; las descubriría felizmente, aquí.

 Los moradores de Tetuán, deletreamos así el nombre: T: de Trabajo y de Tolerancia; E: de Estudio y Educación; T: donde Todo es posible; U: de Unión; A: de Ayuda;  N: de Nosotros, que somos la clave para vivir en este barrio que nos ha conquistado.

 Anímate cariño, y no demores más tu llegada. Te esperamos, Tetuán y yo, tu padre.

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