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Cultura
6-05-2015
Un escultor con madera de clásico y fuera de lo común
Teófilo Buendía expone en la sala Pablo Serrano
Un escultor con madera de clásico y fuera de lo común

“Abstracto” es el nombre que recibe esta muestra de 11 piezas del escultor madrileño Teófilo Buendía, abierta al público hasta el 20 de mayo en la sala Pablo Serrano (Bravo Murillo, 357). En ella se pueden encontrar obras como “Sin Fin”, “Gea y el caos” o “Preludio a la siesta de un fauno”, todas en madera noble (ciprés y cedro, tejo y haya, y nogal), el material predilecto del autor.


Metódico y perfeccionista, la personalidad de Teófilo Buendía se descubre en cada una de sus obras. Según sus propias palabras: “Soy un escultor a la antigua. No hago muchos experimentos, sino que me gusta encontrarme a mí mismo en la madera. El corte de la gubia me sugiere otro golpe, y así sucesivamente hasta encontrar la armonía”.


Comenzó sus pasos en arquitectura, aunque con sólo 25 años se dedicó de lleno a la escultura. Al principio le fue imposible vivir de ello, así que trabajaba como monitor de esquí –otra de sus pasiones–, hasta que un accidente le hizo retirarse. Al estar federado pudo recibir una pensión que le permitió centrarse en la escultura. Poco a poco fue vendiendo pequeñas tallas, pero lo que le abrió las puertas del arte fue el mecenazgo del galerista Novart, porque gracias a él comenzó a exponer por toda España y a mostrarse en el resto de Europa. Sus obras se encuentran por todo el Viejo Continente, pero también en países iberoamericanos, como Colombia o México.


Comenta el autor que el arte siempre entraña soledad y que, dentro de éste, la corriente más solitaria es la de la escultura. Este artista trabaja especialmente con diversos tipos de madera porque “cada una tiene su propia personalidad y se trabaja de una forma distinta. Tienes que ir conociéndola y experimentando su expresión”. Además, dice que el tiempo de creación varía, pues hay esculturas que pueden estar paradas meses o incluso años. Aunque normalmente suele dedicar dos o tres meses a cada pieza, según las dimensiones.


Hablando de tamaños, destaca “Mínimo tamaño grande”, una asociación de escultores sin ánimo de lucro a la que pertenece Teófilo Buendía, y que lucha por establecer el lugar que le corresponde a la escultura moderna. También está embarcado en otro proyecto colectivo con el grupo “Baraka”, que significa “buena suerte” en árabe, con una exposición itinerante por distintas ciudades marroquíes (Tetuán, Rabat, Chaouen y Marrakech).


Pese a que su nombre significa en griego “amigo de Dios”, Teófilo Buendía –y su padre– se llama así por su abuelo, que fue un anarquista asesinado por los comunistas en la Guerra Civil. Y él no sólo heredó el nombre, sino también el espíritu luchador e irreverente de enfrentarse al sistema. Durante la Transición participó en “La Movida” y mezcla en su obra naturaleza y conceptos industriales, reivindicando así un pensamiento humanista en contra del “capitalismo salvaje”. Si pueden, pasen a ver su obra. Y cuéntenlo.

 

Laura Conde

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