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Reportajes
1-11-2007
CIERRA EL BAR RABAL, UN HISTóRICO DE TETUÁN
Hace 34 años que Aurora Rabal Alonso introdujo en su negocio la "carne de verbena”
CIERRA EL BAR RABAL, UN HISTóRICO DE TETUÁN

Muchas son las anécdotas que Aurora Rabal Alonso nos podría contar de su negocio “bar Rabal”, situado en la calle del Marqués de Viana, 20. Allí ha pasado prácticamente toda su vida. Aurori, como se la conoce cariñosamente en el barrio, desde muy jovencita ya echaba una mano a sus padres, Aurora y Dionisio, en el negocio familiar, que anteriormente regentó su abuelo Eulogio.

 

Nuestra protagonista nació en Tetuán, en la calle del Marqués de Viana. Estudió en el colegio Orientación, que estaba en el primer piso del ya desaparecido cine Savoy. Cuando salía del colegio hacía los deberes y después a ayudar en el bar a la familia. Tras la muerte de su padre tuvo que dejar los estudios para dedicarse de lleno al negocio junto a su madre. Después se casó con Claudio Rodríguez, se instalaron también en la calle del Marqués de Viana, ahora en el número 12, y tuvo dos hijos, Roberto y Javier.

 

“El bar era muy diferente de como lo conocemos ahora. Se servían principalmente copas, vinos y aperitivos. De hecho, había una panda de amigos a los que llamábamos ‘los copillas’, que se jugaban a la rana la ronda de vinos. También teníamos un futbolín y abajo en la bodega estaba la peña de fútbol ‘Rabal’, protagonista sin duda de muchas aventuras del barrio: recuerdo que cuando jugaba el Real Madrid los clientes apostaban sobre el resultado, todavía no existían las quinielas, se depositaban en un buzón que había en el bar y el ganador conseguía como premio dos entradas para ver al Real Madrid en el campo; recuerdo también cuando la calle estaba sin asfaltar y se hacían las fiestas con el pick-up, el rastrillo de Marqués de Viana que traía mucha gente los domingos, muchos recuerdos”, nos comenta Aurora Rabal.

 

ÉXITO CON SABOR A GALLINEJAS

 

Aurora Rabal es empresaria y ama de casa, una tarea difícil de compaginar, si tenemos en cuenta que en su época sólo entraban a los bares los hombres. Hace 34 años introdujo en su negocio la venta de gallinejas, sin duda uno de los principales atractivos del “bar Rabal”: “Venía gente de todo Madrid a comerlas. La idea se me ocurrió cuando cerraron la freiduría de la calle de Algodonales. Me gustaba mucho la carne de verbena, que en el barrio se consumía de forma habitual porque era barata. Había quioscos donde se compraban las gallinejas y los entresijos, me acuerdo de los dos que había en la antigua plaza de toros, otro al final de la calle del Marqués de Viana, también en Pinos Alta, que ha estado abierto hasta hace unos años; reconozco que ha sido un gran éxito para mi negocio, aunque el éxito se lo debo principalmente a mi familia, que me ha ayudado siempre, y a la fidelidad de los clientes y amigos. No en vano, he conocido hasta tres y cuatro generaciones de una misma familia”, concluye Aurora Rabal.

 

BETO LÓPEZ

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